domingo 15 de noviembre de 2009
miércoles 4 de noviembre de 2009
HYPATIA DE ALEJANDRÍA
Nacida: Aproximadamente en el año 370 en Alejandría, Egipto.
Fallecida: Marzo del año 415 en Alejandría, Egipto.
Hypatia de Alejandría, se ha ganado a pulso un lugar en la historia de las matemáticas, dado que fue la primera mujer que realizó una importante contribución al desarrollo de las mismas.
Hypatia fue la hija del matemático y filósofo Theon de Alejandría, y es muy probable que estudiara matemáticas bajo la orientación e instrucción de su padre. Es digno de mención el hecho de que Hypatia llegase a ser uno de los líderes de la escuela Platónica de Alejandría, aproximadamente en el año 400 D.C. Allí ofreció discursos de matemáticas y filosofía, enseñando en particular la filosofía del Neoplatonismo. Hypatia basó sus enseñanzas en las de Plotinus, fundador del Neoplatonismo, y en Iamblichus, quien desarrolló dicha doctrina alrededor del año 300 D.C.
Plotinus explicaba que existe una última realidad que está más allá del alcance del pensamiento o el lenguaje. El objetivo de la vida era aspirar a dicha última realidad, que nunca podía ser descrita de forma precisa. Plotinus enfatizaba que la gente no tenía la capacidad mental para entender completamente ni la última realidad ni las consecuencias de su existencia. Iamblichus distinguió, además, niveles de realidad, en una jerarquía de niveles, por debajo de la mencionada última realidad. En dicha jerarquía, existe un nivel de realidad correspondiente a cada pensamiento distinto del cual la mente humana es capaz. Hypatia enseñó estas ideas filosóficas con un mayor énfasis científico que los primeros discípulos del Neoplatonismo. Ella fue descrita por los comentaristas como una profesora carismática.
Hypatia llegó a simbolizar el conocimiento y la ciencia que los primeros Cristianos identificaron con el paganismo. No obstante, entre los pupilos a quienes había enseñado en Alejandría había muchos Cristianos destacados. Uno de los más famosos fue Synesius de Cyrene, que más tarde llegó a convertirse en obispo de los ptolomeos. Muchas de las cartas que Synesius escribió a Hypatia se han preservado y podemos apreciar que algunas de ellas están llenas de admiración y reverencias por los conocimientos de Hypatia y sus habilidades científicas.
En el año 412 Cyril (después San Scyril) se convirtió en el patriarca de Alejandría. Sin embargo, el prefecto romano de Alejandría fue Orestes. Ambos se transformaron en encarnizados rivales políticos, peleando por el control de la Iglesia y el Estado. Hypatia fue amiga de Orestes y esto, junto con los prejuicios en contra de su visión filosófica que fue vista por los cristianos como pagana, llegó a colocar a Hypatia en el foco de los disturbios entre los Cristianos y los no-Cristianos. Thomas Little Heath escribió de Hypatia:
‘ … por su elocuencia y autoridad … alcanzó tal influencia que el Cristianismo se consideró amenazado … ’
Algunos años más tarde, con arreglo a lo que se recoge en una denuncia Hypatia fue brutalmente asesinada por los monjes Nitrian, que constituían una secta fanática de cristianos partidarios de Cyril. De acuerdo con otro relato (de Sócrates Scholasticus), una caterva de alejandrinos liderados por Peter, un estudioso de la época, dio muerte a la famosa matemática. Parece ser innegable que su asesinato fue consumado por Cristianos, quienes se sentían amenazados por su erudición, cultura y profundo conocimiento de la ciencia. Este evento, se convirtió en un hecho crucial que ha sido descrito de la siguiente forma:
‘Cualquiera que sea el móvil preciso para el asesinato, tras la temprana partida de muchos sabios memorables dio comienzo del declive de Alejandría, que hasta entonces había sido el mayor centro del conocimiento antiguo’.
No existe evidencia de que Hypatia abordara de la búsqueda de los orígenes de la matemática. Sin embargo, ella asistió a su padre, Theon de Alejandría, en la escritura del comentario de la undécima parte del Almagesto de Ptolomeo. Asimismo, se pensaba que colaboró con su padre en la producción de una nueva versión de los Elementos de Euclides, que llegó a ser la base para todas las ediciones posteriores de Euclides. Thomas Little Heath escribió lo siguiente acerca de la edición de los Elementos de Theon e Hypatia:
‘… aunque sólo realizó insignificantes añadiduras al contenido de los “Elementos”, él se esforzó en suprimir dificultades que podrían sentir los lectores noveles al estudiar el libro, tal y como un redactor moderno podría hacer en la edición de un libro de texto clásico para el uso en escuelas; y no quepa duda que su edición fue acogida por sus pupilos de Alejandría, para quienes fue escrita, así como por los griegos posteriores quienes exclusivamente utilizaban ésta…’
Además del trabajo que realizó en común con su padre, se puede consultar en los textos redactados por Suidas, que Hypatia escribió comentarios sobre la ‘Arithmetica’ de Diophanto, las ‘Conics’ de Apolunio y los trabajos astronómicos de Ptolomeo. El pasaje Suida encontrado, dista de ser claro y la mayoría de los historiadores dudan que Hypatia escribiera cualquier comentario sobre Ptolomeo de otra manera que no fuera en los trabajos que realizó conjuntamente con su padre.
Todos los trabajos de Hypatia se pierden, a excepción de sus títulos y algunas referencias hacia ellos. Sin embargo, no se tiene conocimiento de ningún trabajo puramente filosófico, solo de trabajos sobre matemáticas y astronomía. Basado en esta pequeña evidencia, Deakin sostiene la opinión de que Hypatia era una excelente recopiladora, editora y la preservadora de los trabajos matemáticos más tempranos.
Como se ha mencionado anteriormente, algunas cartas de Synesius a Hypatia todavía se conservan. En ellas, por ejemplo, le pide consejo para la construcción de un astrolabio y un hidroscopio (especie de reloj de agua).
Charles Kingsley (más conocido como el autor de ‘The Water Babies’) la convirtió en heroína de una sus novelas ‘Hypatia, or New Foes with an Old Face’. Como Kramer ha mencionado en algunas ocaciones:
‘Tales trabajos han perpetuado la leyenda de que ella no era solo una intelectual, sino que también era hermosa, elocuente y modesta.’
Autores: O'Connor, J.J. y Robertson, E.F.
Traducción: Rubén Alexis Sáez Morcillo y Ana Isabel Martínez Domínguez.
martes 27 de octubre de 2009
PACO VIDARTE

A mi amigo Juan de Ayamonte y todos los que fueron, son y serán niños mariquitas en los colegios de Huelva
"Si volviera a nacer, volvería a ser maricón". O lesbiana. En esto coincidimos todos, al menos todos los que seguimos vivos heroicamente en una sociedad heterosexista y homofóbica porque hemos conseguido salir indemnes con mejor o peor suerte de sus criminales políticas de propagación del VIH, de acoso y persecución institucional y social desde pequeños hasta mayores. Esto es el orgullo gay, no otra cosa. Orgullo de seguir vivos y haber sorteado todo un dispositivo de disuasión encaminado a reprimir, desviar, invertir, obstaculizar, penalizar, martirizar física y psicológicamente nuestra preferencia sexual.
Sin embargo, pese a todo el orgullo gay que podamos acumular a lo largo de la vida y habernos construido un nicho social, familiar, laboral en el que sentirnos a gusto y absolutamente felices, creo que casi nadie sería capaz de decir esta otra frase, similar a la anterior, sin sentir un escalofrío por la espalda y ver cómo se le pasan cinematográficamente, en unos segundos, escenas de horror amontonadas en el desván de la memoria: "Si volviera a nacer, me gustaría volver a ser el niño mariquita de mi colegio". Es nuestra piedra de toque: no querer volver a vivir la infancia, un contexto donde nuestra autoestima era imposible. Toda nuestra infancia a la mierda, nada se salva. No quiero haber sido niño. Las maricas no miramos atrás. Vivimos y recordamos desde que empezamos a ser felices y de ahí en adelante. El presente y el futuro son nuestros. En el pasado sucumbimos. Quizás no todos, ni del mismo modo. Esto no es victimismo. Es historia. La historia de la España mariquita que siempre ha perdido en los dos frentes y cuyos muertos ni siquiera se desentierran ni son honrados.
Yo soy un niño muerto. No porque me solidarice hipócritamente con ninguna víctima del bullying, sino porque si alguna vez fui un niño, murió rápido: yo lo asesiné y lo enterré vivo buscando salvarme en mi vida de adolescente. Al que también enterré vivo, dándole con la pala en la cabeza hasta que dejó de moverse. Luego ya nunca he vuelto a sepultarme y tampoco creo en los fantasmas. Ahora sé defenderme.
"Si todos los niños y niñas deben estar protegidos contra los malos tratos (art. 6 [de los Derechos del niño]), eso significa que no se puede ejercer sobre ellos y ellas violencia física, psicológica o simbólica con el único objetivo de promocionar una identificación heterosexual o de castigar actitudes, gustos, opiniones, aficiones, etc., que se quieran interpretar como señales de disconformidad con un modelo de rol de género o con una posible preferencia sexual" (Llamas, R. y Vidarte, F. J.: Homografías. "Nenaza. La invención del niño mariquita", Madrid, Espasa-Calpe, 1999, p. 111). Hace ya muchos años que escribimos esto Ricardo Llamas y yo. Y que hablamos del suicidio y del acoso escolar por estos motivos nunca atendidos y siempre silenciados. Como sucede hoy.
Estamos asistiendo a una invasión mediática de algo que hemos sabido y experimentado siempre. Ahora parece que tiene nombre. Un nombre ininteligible e inescribible en castellano: bullying. Como si lo hubiéramos importado de culturas anglosajonas más avanzadas que la nuestra. De nuevo asistimos en nuestro país a un alejamiento culpable de toda responsabilidad respecto del "proyecto de exterminio de los (niños) mariquitas" como si fuera cosa de estos tiempos revueltos de crisis de autoridad y familia nuclear desmembrada por la Play. Ya es hora de que revisemos el sistema patriarcal heterosexista en que vivimos que provoca mortalidad infantil en las aulas, acoso, montañas de sufrimiento, mujeres maltratadas y asesinadas y más cosas terribles. Lo mismo que en Euskadi, parece que la culpa la tienen cuatro locos violentos irracionales, niños malos. La cosa es no mirarnos nunca el ombligo ni reconstruir la historia de un país de machitos violentos, heterosexistas, patrioteros, patriarcales, misóginos, creyentes, homofóbicos, deportistas y celosos asesinos de todo cuanto amenace su cada vez más precario sistema de opresión. Javier Sáez, amigo y teórico queer, me comentaba que en dos estudios franceses recientes sobre factores de discriminación en las aulas, a uno se le olvidó incluir la "homosexualidad" y el otro le preguntó a los niños directamente si eran homosexuales. Todos callaron, naturalmente. ¿Quién va a decir en su clase que es mariquita? El resultado del estudio fue que no existía discriminación por orientación sexual en las escuelas.
Menos científicamente, yo he hecho una pequeña encuesta entre amigos que cualquiera puede hacer rápidamente y, no por azar, a todos nos venía a la memoria alguna escena de acoso, de humillación. O incipientes estrategias de supervivencia y disimulo: "Yo no tenía pluma, pero era gordito, tenía gafas, era el empollón, un niño muy raro, muy complicado, introvertido, no me relacionaba, vivía en mi mundo, iba a mi bola, tenía uno o dos amigos tan solo y me dejaban en paz". No se trata de tener a todo el profesorado buscando y detectando persecutoriamente a los niños mariquitas para hipervisibilizarlos, patologizarlos, señalarlos y así poder "protegerlos". Ya me veo las quejas de los padres viendo su orgullo familiar por los suelos: "Mi niño ha sido objeto de acoso pero ¡no es mariquita!".
El problema no es que la agresión, el acoso convierta socialmente a la víctima en mariquita, la raíz del problema es que el bullying rubrica la heterosexualidad de los agresores en una edad temprana donde buscan afirmar su virilidad e identidad sexual como pueden, como ven, como siempre se ha enseñado en España (un país que apremia a ser hetero cuanto antes): a golpes con los maricas y las mujeres. Y demás antiespañoles.